24 julio 2006

Los asnos de la prensa española (I)


"Ya están aquí los asnos de la prensa española"


Flavio Briatore
, citado por el sin par Jesús Fraile.

Desde hace mucho tiempo he esperado este momento: mi ajuste de cuentas con todos los comentaristas, locutores, redactores y demás fauna salida de las facultades de Ciencias de la Información que hemos padecido en los medios españoles tratando sobre el Gran Circo de la Fórmula 1, sin más derecho a defendernos que las críticas en una conversación o las reclamaciones inútiles a los responsables de los mass media, pidiendo un cambio.
Alguno puede pensar que me refiero a advenedizos, que realmente es el papel que tienen los medios desde hace un par de años, desde redactores que se ven obligados a elaborar una noticia sobre el deporte de moda, del que apenas conocen nada a prensa del corazón, pura y dura, que ha descubierto un filón en deportistas jóvenes, ricos, que arriesgan la vida cada semana y que siempre han tenido fama de playboys, cubiertos por una pátina de glamour del bueno, como el mítico Eddie Irvine.
No; quiero poner en su sitio a la prensa especializada, los que de verdad se lo merecen, puesto que los demás asumen su desconocimiento.

De Flavio Briatore, el hombre que todos queremos ser a su edad, se pueden decir muchas cosas, pero si tiene una característica reseñable es su astucia. Ésta le bastó para, mediante las preguntas habituales que le hacían los periodistas cuando este deporte no era tan popular, deducir lo que nosotros, los que teníamos que oír los comentarios carrera tras carrera, sabíamos de sobra; su audacia hizo llegar este conocimiento recién adquirido, resumido en una frase soberbia (en todos los sentidos), a oídos de uno de los iconos de esa prensa especializada, el locutor Jesús Fraile, que nos la transmitió con gran indignación para ser acogida con satisfacción y risas.
Una vez más, ¡Bravissimo, Flavio!.

Antes de poner a cada uno en su sitio, quiero hacer un poco de historia.
Reconozco que no seguía la Fórmula 1 antes de que La 2 empezara a retransmitirla en el año 1999, coincidiendo con la entrada de Marc Gené y nuestro querido Nippon Ichi, Pedro Martínez de la Rosa; aunque recuerdo alguna carrera que ví anteriormente y que me pareció muy aburrida, como resulta siempre algo que desconocido que no se puede disfrutar plenamente. La casualidad o la fatalidad hizo que una de esas carreras fuera el Gran Premio de San Marino de 1994, en Ímola: ví el accidente de Ayrton Senna en directo.
Por aquel entonces un único locutor narraba la carrera, tratando los sucesos en pista de forma aséptica; la motivación es bastante evidente: el público, reducido, estaba compuesto por apasionados de este deporte, que conocían las claves y no necesitaban animación; simplemente querían sentarse una tarde de domingo y ver los coches. El trabajo del locutor era ejemplar, cometiese o no errores, porque no se hablaba de él; aunque no hacía el espectáculo muy atractivo para los profanos.
Este modelo, en el que la narración no se hace desde el circuito, sino usando las mismas imágenes que llegan a los telespectadores, se mantiene en Eurosport (muy recomendable), si bien el narrador de vez en cuando deja entrever lo que hay en las otras carpas del Gran Circo.
Lorenzo Milá fue uno de estos pioneros que, casualmente, inició su vida profesional en ScreenSport, que se convirtió en Eurosport, como periodista deportivo.

Desde luego hemos recorrido un camino muy largo hasta lo que podemos ver ahora.
Mi propósito no es defender este modelo, ni el de la BBC, sólo con sonido ambiente, a mi parecer la mejor opción para los que ya sabemos como funcionan las cosas, aunque poco amable para los nuevos seguidores. Lo que quiero mostrar son los errores que se han ido cometiendo y que han derivado en la situación actual, claramente perfectible.
Hemos arrastrado varios lastres en televisión y periódicos (Fórmula 1 y radio son incompatibles), algunos heredados de otros deportes, otros pasados de mano en mano entre periodistas y algunos adquiridos por simple incompetencia. Hasta el momento falta visión y riesgo para corregirlos.
Veremos cómo se han ido desarrollando.